martes, 13 de diciembre de 2011

Solamente ella.

¿El tiempo? ¿De qué cojones me estás hablando? Jajajaja, ingenuo. No te engañes más, el tiempo no cura nada. Ni un arañazo en la rodilla es capaz de curar el maldito tiempo. En el momento en que alguien o algo abre una herida en tu interior, nada lo cura. Es una herida permanente, para siempre, de esas que hacen daño; porque para un niño es más fácil dejar de sentir que soportar el dolor de esa herida, pensando que así, el tiempo se encargará de sanarla. O eso pensaba yo. Es mentira. Lo que desconocemos es que el tiempo no ayuda a cicatrizar esa fuerte herida, que solo la abre cada vez un poco más. La cruda realidad, es que la vida te la puedes tomar como si fuese un partido de tenis. Un partido de tenis en el que necesitas todas tus fuerzas para salvar un "match point" en contra, o lo que es peor, un punto de campeonato. Las veces que la vida te pone en contra del mundo, en las que te deja al borde del vacío o las que te abre una herida tras otra, son incontables. Y pese a creer que has salvado ese "match point" del partido, es solo un espejismo. Tras un rato de duros golpes y de tener probablemente algún golpe ganador, ella se vuelve a poner por encima y saca otro punto de partido. Siempre va por delante. Es lista, pícara, astuta; sabe lo que va a pasar en cada instante. Lo estudia con precisión y con velocidad para así hacerte más daño. Y de lo que nadie se ha dado cuenta, es de que el tiempo está de su parte y de que solo, no vas a conseguir canbiarlo. El tiempo, el tiempo, el tiempo... Chorradas. En mi vida, lo único que salva cada punto de partido, cada punto de campeonato y deja a la vida al borde de un tiro a bocajarro en la frente, es ella. Es ella la que me cura de todo. Es ella. Es su amor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario