"Esperar vuestro momento"- Michael Jordan, tiempo muerto de la final de 1998.
Según esto, el baloncesto son momentos. Y tanto o más como el baloncesto, la vida son momentos. Cada momento, cada puto segundo de tu vida es único e irrepetible. El mayor escudo, el mayor armazón para conseguir salir de los malos momentos, eres tú mismo. Tú, tu confianza en ti, tu fuerza interior... Tu esperanza. Se pueden perder las ganas, la fe, el sentimiento... Pero nunca la esperanza. La esperanza es un aire refrescante en tu vida. Es algo con lo que tienes que convivir aunque duela, aunque te haga trizas. Y créanme, si no pierdes la esperanza, lo bueno acabará llegando.
Yo estuve apunto. Mi toalla había rozado el suelo unas cuantas veces y mi esperanza y mi fuerza interior estaban al borde del K.O. Como si de Mike Tyson se tratase, la vida me había noqueado de tal manera que vagaba confuso, sin rumbo. Sin conocerme a mi mismo, desquiciándome a cada minuto que pasaba. Mi confianza empezaba a sobrepasar los límites de lo ínfimo y mi sonrisa había desaparecido de mi cara, como si todo lo vivido anteriormente hubiera sido un espejismo. Pero como el de todos algún día, mi momento terminó por llegar. Cual ave fénix supe resurgir de mis cenizas. Apoyándome en el amor, en mi confianza... En la esperanza que nunca había perdido. Y ahora, obsérvenme bien, porque nunca van a ver a una persona tan confiada en si misma como a mi.
Hoy es mi renacimiento.

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