miércoles, 9 de noviembre de 2011

He procurado mantenerme arriba. Revolverme ante los problemas y mirarlos a los ojos. Todas las veces me había valido con mi positividad, mi esfuerzo, mi orgullo y un poco de ego. Era la mezcla perfecta. La puta solución para no hundirse. Y ahora, parece que esto no tiene solución. Se le ha terminado el ego al más ególatra;   su positividad se ha desvanecido y su esfuerzo, sin el orgullo se ha quedado en una simple mota de polvo.
La desgana inunda mi cabeza. Mientras esta me dice "¡BASTA!", mi corazón me pide seguir; la pasión lo domina todo. Los problemas aumentan mientras mi estado anímico y mi cuerpo solo pueden sublevarse ante ellos, dejando a un lado esa fortaleza tan característica de mi personalidad solitaria. Todo se magnifica hasta el punto en el que solo puedo hincar la rodilla, cerrar los ojos y esperar a que pase la tormenta. A que capee el temporal, se vayan los malos tragos y afrontar el futuro como una nueva etapa, una etapa que va a ser ciega. No sé lo que me pasa, solo sé que después de la tormenta, viene la calma y que una mísera parte de calma, me haría volver a ser lo que era. A sonreír y a no amedrentarme ante lo que tengo enfrente.

Te espero, calma, para volver a ser el jugador valiente que era.

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